Griegos, romanos, Zaratustra y yo

Publicado en ValenciaOberta.es

La vida es una sucesión de ciclos repetidos. Una repetición constante de parámetros. Sucesos más o menos separados en el tiempo o en el espacio pueden explicarse bajo parámetros extrañamente similares. Relaciones de causa y efecto. Causalidades. Sin duda el matiz es importante. Pequeñas desviaciones, acaso chispas, en la eterna repetición que contaba Nietzsche, nos llevan a combinaciones insospechadas, a nuevas explosiones nunca vistas. Tras las llamas quedan, sin embargo, las cenizas, tan similares siempre. El ser humano es humano al fin y al cabo, y con todos los peros que ustedes quieran, ha sido el mismo desde el principio de los tiempos. Así puede Huerta de Soto explicar la caída del Imperio Romano como una consecuencia necesaria del socialismo y su Estado del Bienestar, instaurado tras la República, bajo aquello del Pan y Circo y con medidas que nos recuerdan a épocas mucho más cercanas. Solo que entonces no lo llamaban socialismo, claro.

Todo este periplo filosófico me ronda la cabeza desde el martes, tras hablar con un cliente de tipos de interés negativos o de devoluciones de deuda, pública y privada. De hipotecas de viviendas que incluyen muebles y coches. Más tarde, ya sentado frente al portátil, leyendo mis digitales habituales, me entero que hay señores por ahí, mucho más sesudos que uno mismo, que opinan que el Deutsche Bank podría marcarse un Lehman Brothers, y que si es too big to fail o no, y que 8.000 millones de recortes de la administración vienen – y tienen que venir – o que en Grecia van ya por la tercera huelga general. Lo dicen tal cual, y anchos se habrán quedado. A mí se me está poniendo cara de Zaratustra.

Ustedes, que son gente leída, pueden escuchar corrillos de cafetería o desgranar complicadas estadísticas económicas de las publicaciones más influyentes. Pero el tufillo, las cenizas esas que les decía, son de una hoguera que ya encendimos antes.

En aquella ocasión, allá por el 2.008, los ciudadanos tuvimos que ajustarnos el cinturón, mientras, nuestros ínclitos gobernantes aplicaban BOE en mano, conocidas medidas que suponían un incremento brutal del gasto, gasto que lleva creciendo sin parar desde antes de la Crisis que vino, y que quieren seguir aumentando en la Crisis que viene. Esa que anuncian algunos sesudos. Los ciudadanos vivíamos endeudados, por encima de nuestras posibilidades, y pagamos por ello. El Estado también, sin duda, pero solo pagamos y seguimos pagando los de a pie. Ahora el Estado debiera seguir el mismo derrotero. Perder peso. Mucho. Mientras muchos seguimos con la correa bien prieta, nuestro gobierno sigue gastando por encima de sus posibilidades. Y debe – debemos – lo que no tiene.

Pueden ahora levantar ahora la vista hacia nuestros políticos. Vean la entretenida, aunque descorazonadora, pelea por lo asientos del congreso. Fíjense en el PP de Rajoy y Montoro que nunca paró de gastar, mucho y mal, y para sostener tanto dispendio, subió tantos impuestos que adelantó por la izquierda a IU. Miren al digno heredero de ZP, el del Plan E, esgrimiendo ideas similares, si es que esgrime alguna distinta a mantenerse a toda costa, pues se sabe cadáver o presidente, no le quedan más alternativas. Me pregunto – y sé la respuesta – como piensa pagar Alberto Garzón el millón de empleados públicos que quiere aumentar. La magnitud económica del desastre de las propuestas de Podemos es bien sabida, al otro lado del Mediterráneo se pueden consultar las consecuencias de tales dislates.

Sumando dos más dos convendremos que el Estado del Bienestar, esa mastodóntica rueda de molino con la que llevamos comulgando desde la posguerra, se asemeja a un globo al que cualquier aguja pudiera hacer estallar. La cuestión es si al reventar el Bienestar del Estado nos arrastra a todos por el sumidero del váter con él o forjamos una nueva forma de convivencia basada en las libertades individuales, conforme ocurre en los países más prósperos del planeta. Difícil parece que ocurra lo segundo y la Libertad gane la batalla, como a muchos nos gustaría. Los acreedores económicos serán curiosamente los mejores aliados. Mucha influencia exterior será necesaria. Y casi lo prefiero, porque ya se sabe que aquí dentro, en España somos muy de llenarnos la boca con la democracia, y la democracia se inventó en Grecia. Y luego vino el Imperio Romano, y bueno… Eso, que me repito.

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