Fomentando el fraude fiscal

Publicado en ValenciaOberta.es

No tengo claro si guarda relación con mi artículo de la semana pasada pero a mí, todo este baile de cifras mareantes sobre el aumento de la recaudación tributaria, de reparto de riqueza o de subidas de impuestos para pagar el Bienestar del Estado me retrotrae a los tiempos de los césares y los gladiadores. Las apuestas de los partidos políticos, en este simulacro de negociación para la investidura de Pedro Sánchez, demuestran que no se aprende demasiado en cabeza ajena. Dos mil años después aún no hemos aprendido que a más leyes, menos justicia, algo que Cicerón predicaba ya antes de Cristo.

Pintan bastos para todos los españoles si atendemos a los naipes que muestran unos y otros. Pretende solucionar nuestros problemas a golpe de BOE. Lo cual, dicho de paso, no tiene pies ni cabeza. Yo tampoco recuerdo la última vez que hubo un problema serio y el gobierno lo arregló con un Decreto Ley.

Mención especial merecen las soluciones que se proponen para el cuadre presupuestario. Mientras el gobierno del PP cierra su legislatura con un 100% de Deuda Pública sobre el PIB, y subiendo, algo más a la izquierda se empeñan en demostrar la cuadratura del círculo, proponiendo un aumento estratosférico del gasto, que, caso de llevarse a cabo, dejará las huchas vacías. Todas. Las nuestras y las de la administración.

Tienden nuestros políticos a plantear escenarios de presión fiscal de pesadilla, recordándonos que aquello de paraíso fiscal no es más que una mala traducción, quizá interesada, de la locución anglosajona usada primigeniamente, refugio fiscal. Olvidan que se puede actuar del otro lado de la mesa. La Administración es un monstruo infumable a día de hoy. Intentar atrapar en la maraña de una legislación tributaria creciente y compleja a los ciudadanos tiene como consecuencia directa que éstos busquen formas alternativas de ganarse los cuartos. Sobradamente demostrado está que las subidas impositivas no tienen por qué acarrear un incremento de la recaudación. Y al revés. Se puede recaudar más simplificando las cosas.

Puede que seamos en España un país de pícaros. Puede que tengamos demasiadas leyes y por eso lo somos. El huevo y la gallina. Si lo somos, somos un país de pícaros que pagan impuestos por encima de sus posibilidades. Este sendero no puede llevar a otro lugar que no sea el del aumento del fraude. El de la chapucilla en negro. El del no me hagas factura y esas cuestiones. No digo que queramos saltarnos la ley. Digo que ya no quedará más remedio.

Así intentarán enterrarnos bajo millones de páginas del BOE. Con impuestos al 5%, no al 7%. O al 10%. Con Patrimonio, Transmisiones, IVA o carburantes. Los círculos seguirán siendo redondos. Da lo mismo. Pueden plantear los escenarios que sus economistas de cabecera imaginen, en sus sueños más calientes, dónde montones de monedas de oro se redistribuyen sin cesar. Riqueza para todos. No importa. Cuando pasen el límite que cada uno estamos dispuestos a soportar se encontrarán con fraude y con emigración. Con pobreza. Con el trapicheo. Sin clase media. Con la mordida. Con el cambalache, el maletín, el 3%.

Aunque de eso ya tenemos mucho. Y eso que imprimimos millones de folios con leyes todos los años. Millones. ¿Y? Así nos va. Al fin y al cabo, cuantas más leyes tiene un Estado, más corrupto es. Y eso ya lo sabían los romanos también. Tácito lo comentaba con sus coleguillas.

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