Primero yo, luego yo y finalmente yo, eso es el bien común.

El hombre es un animal social. Y todos los socios de la sociedad son únicos. Vivimos rodeados de monedas. De caras y cruces. Indisolubles. Inseparables. Libertad y responsabilidad. Derechos y obligaciones. El entendimiento del mundo pasa por ser capaz de entender la antonimia.

No obstante, para poder lidiar mentalmente con estos conceptos, hemos de empezar por alguno de ellos. Uno primero es libre y luego se hace responsable de sus actos, y si no lo hace se rompe la libertad. De la misma manera que uno primero cumple con sus obligaciones y de esa forma puede ejercer sus derechos, como ya expliqué con anterioridad en este mismo blog.

Para el binomio individuo sociedad, y siendo esté un blog liberal, cualquiera puede adivinar por dónde empieza el camino. Por el individuo. Defendamos la tesis, pues.

Para refutar un comienzo por la sociedad, no hay más que echar un vistazo a la historia. Cualquier movimiento, digamos que bienintencionado, que haya surgido que pone por delante el bien de todos, acaba irremediablemente en fracaso, miseria y pobreza, cuando no muerte y genocidio. Tanto da nazis como comunistas. Poner el bien de los demás por encima del nuestro, siempre que no sea de forma consciente y aceptada, no es más que el fomento de la corrupción, el clientelismo y la vagancia de aquellos que se aprovechan del sistema. Pruebas miles.

La tan cacareada democracia supone que un 51% se puede cargar las esperanzas de un 49%. Un 49% de gente jodida puede ser muy peligroso para un sistema.

Sin embargo, cuando uno procura por su propio bienestar, irremediablemente se obtiene el bienestar de los adyacentes. Si me va bien en mi trabajo, le irá mejor al tendero de mi barrio o al peluquero de la esquina. Gastaré más en ellos. Si soy más feliz, serán más felices los de mi alrededor. Si yo soy mejor, la sociedad que me rodea es mejor. Y recuerden queridos que todos estamos conectados en no mas de 6 o 7 grados. Y esto lo comprueba cada uno, cada día. Así que queridos amigos liberales, el bien común sí existe, pero no es más que la suma de los bienes individuales.

Queridos amigos colectivistas, no se puede alcanzar el bien común sin alcanzar primero el bien de todos y cada uno de los bienes individuales. Por que ese individuo cabreado, en uno u otro momento, se rebelará contra el sistema, para bien o para mal. Y como antes decía, a las pruebas me remito. No hace falta poner en duda las buenas intenciones de los colectivistas, simplemente ver las consecuencias de sus buenas intenciones.


La vereda de la puerta de atrás de Extremoduro, de su álbum “Yo, minoría absoluta”, evidentemente.

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