De salmones y españoles

Decía la canción de mis paisanos Seguridad Social, cuando ya habían dejado atrás las crestas, a Lucy que era una zorra y a una almuhada preñada, que eran salmones. Soy un salmón, soy el espíritu de la contradicción. Y toda la semana llevo dándole vueltas, toda desde que tuve conocimiento del estudio de la Fundación BBVA a través de la reseña del blog de mi buen amigo y compañero libertario León.

No me extrañan los porcentajes, que ya sé que mis compatriotas no son muy favorables a la libertad, pues pese a acuñar el término liberal, o fundar la Internacional Liberal, de la mano de Salvador Madariaga, también acuñamos aquel famoso Vivan las caenas. Diríase que a los españolitos de a pie nos va la marcha. Que nos den lo nuestro. Y lo de nuestra prima. No a todos, pero bueno. No se si honrosa, pero sí soy excepción.

Me sorprende la terrible contradicción en la que caemos. Así, grosso modo. Queremos que el Estado, el Gobierno controle precios, ponga límites a las ganancias de las empresas, intervenga en la economía y un largo etcétera que se puede consultar en el estudio, y mira tu por donde los políticos son un problema. Nadie confía en ellos.

Y si nadie confía en ellos, ¿quién se supone que debe controlar las economía? ¿No suena todo esto a poner el lobo a vigilar el rebaño? Es decir, que queremos dar nuestro dinero a alguien en quien no confiamos. A mi me perdonen. Pero no lo entiendo.

Supongo que todos aquellos que defienden más estado y más control, pero a la vez dicen no confiar en los políticos, pensarán que todo se soluciona cambiando el sistema y cambiando de políticos, pero chico, que quieres que te diga, a mi me da que echando la vista atrás, desde el principio de los tiempos, sistema tras sistema, ninguno se libra de la corrupción. Por muy finlandeses que seamos, poca hay, pero como las meigas, hayla.

Más estado siempre implicó más corrupción. En cualquiera de sus formas. Aquello de que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Pero nosotros queremos darle la pistola al asesino. Bendito país. No sé si la ignorancia es atrevida, o esto es para echarse a llorar. Lo que si que parece claro, es que somos auténticos salmones, y nos hemos empeñado en subir río arriba a echar un casquete y diñarla. Si no, no se entiende.

P.D.: Por cierto, desde el sábado, ya hay en la Internacional Liberal un partido español, el Partido de la Libertad Individual, que debe ser algo parecido a la aldea de Asterix y Obelix, luchando contra los romanos, que están locos.

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