Manolete

Solemos alegrarnos, incluído el menda, cuando salen sentencias del tipo “Un juez dice que con la devolución del piso se salda la hipoteca”. Yo me alegro por el paisano (o miembra). Pero poco más. No deja de ser un desatino. 
Quizá los bancos sean los mismos tentáculos de Belcebú. Digo quizá, porque me da la sensación de que al final todos acudimos a ellos. De una u otra manera. Tan malos no serán. He sostenido muchas veces en este blog y delante de quien me pregunte que tenemos cierta tendencia a exigir a los demás lo que no queremos para nosotros mismos. Y con los bancos pasa lo mismo. Las entidades bancarias funcionan bajo un entramado complejo que no todos comprendemos a la perfección. Pero todos tratamos con ellos. Son empresas que han de ganar dinero, como todas, y aprovechan todos los huecos de la ley, que conocen mejor que el propio legislador. Y además suelen tener cogidos por salva sea la parte a estados y gobiernos. 
Cosa que haríamos el resto de los mortales, si estuviera en nuestra mano, pero que como no es el caso, nos parece inmoral que lo hagan otros. Pero seguimos teniendo la libreta de turno o la cuenta de ahorro. 
Todos hipotecamos o quisimos hacerlo. Había que ganar dinero. Ahora vienen mal dadas y nuestra mala cabeza, nuestra avaricia y nuestro pésimo conocimiento de lo que firmábamos nos pasa factura. Nadie se leyó bien el contrato, las leyes a las que se acogía. La escritura en el notario. Puro trámite. Trámite que nos obliga. Y ahora que vienen de canto no las queremos tragar.
Toda acción tiene sus consecuencias. Es más facil, sin embargo, seguir lo que hacen todos, sin preguntarnos si todos hacen bien. La mayoría no tiene siempre la razón. O preguntadle a Galileo si no. 
Que los jueces anulen contratos celebrados dentro de la legalidad, me parece cuando menos, peligroso. Como me parece peligroso que la gente los firme sin saber que firma. Que luego vienen las cornás, Manolete, que si no sabes torear, pa’ que te metes….
P.D.: Lo que dos personas firmaran de común acuerdo, líbremente, debería estar por encima de cualquier ley, siempre que no atente contra la libertad de los demás, pero claro, mejor que lo mire papaEstado, no vaya a ser que…
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2 Comments

  1. Tienes razón, Turco, el respeto a los contratos es la fuente de todo progreso, pero a veces los bancos concedieron créditos sin mirar ni pedir, es decir, no actuaron como antes, sino como no debían, y ahora pagan justos por pecadores. Interesatísimo tu blog. Te invito al míohttp://elblogdejoseantoniodelpozo.blogspot.com/Saludos bloggeros

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  2. El problema de los contratos vinculantes radica en que, cuando una de las partes es radicalmente superior a la otra, y la otra no tiene más opción que aceptar (aún sin quererlo) a la primera, la "vinculación" que se supone entre ambos es bastante ambigua.Un contrato entre dos (o más) partes, en las cuales las decisiones y acuerdos tomados entre ellas sean libres totalmente, entonces ese contrato tiene más valor (a mi modo de ver) que cualquier ley que un tercero quiera imponer (siempre que no atente contra la libertad de otros, claro).El problema entre ambos casos lo tenemos en los gobiernos, que apuntalan el poder de unos pocos, de forma que para el resto, no nos queda más remedio que "apechugar" con lo que hay.Por eso, cuando sale una noticia así, yo me alegro… no porque un contrato se haya roto, sino porque por una vez, el timador fue el timado.Un Saludo FelinoMiau

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