¿Me encomiendo a Dios o al Diablo?

Es una gozada pasear por Ortaköy, esa intrincada maraña de callejuelas, con sus tiendas y sus restaurantes. Cuando sales al Bósforo, surge, casi de entre las aguas, la pequeña mezquita, bajo el inmenso puente que une los dos continentes.
Supongo que a mis compatriotas adoptivos de la basta Turquía, nadie les habrá comentado nada sobre un tal Labordeta. Ellos se lo pierden. Era un tipo distinto y admirable. Vaya donde esté, éste mi pequeño homenaje. Supongo que en la pequeña mezquita nadie rezará por su alma.
Por las noches, si cenas en el Tygra o en el Banyan, puedes disfrutar de la iluminación. Junto al estrecho. Puedes pasear por el embarcadero, y si prefieres las horas de sol, navegar de un lado al otro, o en ruta turística. Yo prefiero la noche. El juego de luces y colores, de neones, convierte el puente, el estrecho y la mezquita en un todo extravagante y romántico. Invita a la introxpección. A ponerse en contacto con el cosmos. Con el universo. Con la inmensidad.
Quizá por eso después de cenar, acabé frente a la mezquita, preguntándome cuando abría. Si era posible conectar desde ella con las fuerzas sobrenaturales. En mi foro interno, crece la sensación, casi subconsciente, de que si existe una puerta al más allá, este puede ser su umbral. Quería intercambiar unas palabras con mi dios, o con el dios de Israel, o con el de el profeta Mohamed. Cualquiera me hubiera valido.
Cualquiera digo, porque aunque intuyo que Labordeta no estaba en tratos con ninguno, todos los dioses del cielo griego y romano, del judio, del cristiano y de todos los demás cielos e infiernos, no son suficientes para encomendarnos y pedir clemencia, junto con los simpáticos inversores norteamericanos, que después de oir al presidente de todas las Españas, han decidido ponerse a rezar por nosotros.
P.D.1.: De la foto con Mohamed VI ni hablo…¿para qué? Habla por si solo
P.D.2.: La verdad, no sé hasta que punto habrá o no convencido a los inversores, pero desde luego, que el comentario de los rezos merecía un post.
P.D.3.: La ministra Salgado hace gala de unos tremendas dotes de empatía. Seguro que los 156.000 ricos a los que les va a subir los impuestos están mucho más que felices.
P.D.4.: Los inversores, para el que no lo sepa aún, son los también llamados especuladores, y son malísimos, o buenísimos. Depende como les llames son simpáticos o atroces. Por cierto, si tienes tu dinero en algún banco, con algún producto de inversión, es posible que tú también seas uno de ellos/as. Pérfido/a
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