Democracia para todos

No es que uno sea un fervoroso creyente, más bien al contrario, pero cada vez me cuesta menos creer en la transustanciación del cuerpo y la sangre de Cristo por la consagración en el rito eucarístico si lo comparamos con la transustanciación de la voluntad popular por la introducción del voto en una urna en la fiesta de la democracia. Me pasa como al profesor Bastos.

El transfuguismo y las mociones de censura, los pactos para que no gobierne la lista más votada y todas esas cosas, son asuntos tremendamente democráticos. De hecho, ahora mismo tenemos un presidente que no es diputado. Al que no ha votado nadie, pero que se transustancia por la gracia divina de la voluntad popular democrática. Se afana en formar un gobierno plagado de estrellados, que tampoco estaban en ninguna lista para conformar gobierno nacional. En lo que conozco de cerca, pocas personas tan poco capaces como la nueva ministra Carmen Montón. Un lujo pa’ diario.

También es democracia top posicionarse en contra en una de las cámaras de los presupuestos que uno mismo ha aprobado en la otra, en justa represalia por haber sido desbancado del gobierno. Desde luego que tener que defenderlos el nuevo presidente cuando antes los tachó de cualquier cosa menos de bonitos, es solo uno de esos requiebros del circo político, el espectáculo debe continuar, que no están al alcance de la mayoría de las artes. La justicia poética se torna en justicia épica. En epopeya. Palidecen Homero y los Argonautas, nadie canta los Cantares de Gesta y el Mio Cid ya no se sabe muy bien de quién es si se compara con la democracia.

Los que se cansan de pedir la República, porque al rey hay que botarlo, perdón, votarlo, acaban por votar a un tío al que nadie ha votado, como al rey, para echar al partido de la Gürtel, junto al partido de los EREs, eso sí, con el apoyo del 3%. No me dirán ustedes que con dos señoras en pelotas danzando entre los despachos y Pajares y Esteso esto no se parece a la misma sal gruesa que se gastaba don Mariano. Ozores, por supuesto.

El otro, Rajoy, estafermo hasta el final, hizo lo que mejor sabe hacer, es decir, nada. Quedarse quieto, retrancón, y hasta más ver. Tanta paz lleves, como vacío ideológico dejas. Con los populares hinchados de la más absoluta inanidad mental, a remolque de la socialdemocracia.

No busquen la ironía aquí, hoy, en estas líneas. Esto está escrito sin ninguna intención oculta. Sin segunda lectura posible. Lo que aquí se describe es su sacrosanta democracia. Estamos asistiendo a uno de sus clímax más esperpénticos y pero no por ello menos democrático, más bien al contrario. Así que perdóneme ustedes – o no me perdonen, carajo, que no tengo por qué disculparme – pero me declaro también, de su santa devoción moderna, de meter el papel en la caja, ateo. Yo no creo en la democracia. No es el menos malo de los sistemas. Es mucho peor. Es un puto cachondeo.

Publicada en DesdeElExilio.com

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