Moción del tedio

Publicado en ValenciaOberta.es

Lo de menos son las interminables sesiones maratonianas que pueden acabar con las taquígrafas más duchas y resistentes. No creo que nadie espere ya más de un rifirrafe entre Pablo Manuel y Mariano. El defecto del primero es sin duda la virtud del segundo. Pablo ha dejado pasar ya muchos trenes. Mariano sigue anclado en estación Moncloa viendo trenes pasar entre habanos, mientras lee el Marca. El de morado es prácticamente un líder amortizado al que la prisa por asaltar los cielos le ha atropellado las formas y le obliga al constante espectáculo político-vodevilesco aunque esta vez le tocaba ponerse la chaqueta. Fue la poli mala esa con la que comparte arrumacos. El presidente, en sus trece, repitiendo modos y maneras, dejando pasar el tiempo, observando impertérrito y satisfecho la creación sorayesca. Todos ganan de una u otra manera. Unos la hegemonía en la izquierda otros el voto del miedo.

Ocho o diez horas de debates donde no queda sitio para la improvisación, la imaginación o la sorpresa son un ladrillo de difícil digestión y más si tenemos en cuenta la indigesta carga que arrastramos desde aquel nefasto 15 de mayo, que sirvió como excusa para meter al coco comunista en las instituciones, para que cercenara por la izquierda y arengara por la derecha. Los diputados incrementan la dosis de espectáculo a ver hasta dónde alcanza la sociedad civil sin vomitar.

Habrán leído seguro que una moción de censura como la que nos ocupa es una puesta de largo de la democracia española, un hito importante. Discrepo furiosamente. Nuestras instituciones nacieron podridas y por tanto la mayoría de lo que ocurre en ellas viene apestando desde la cuna. Los fuegos artificiales no pueden esconder la esencia naturalmente corrupta de un país donde la Libertad y la Propiedad se supeditan al interés de unos pocos o la separación de poderes es básicamente un chiste de muy mal gusto. Se trata por tanto de un episodio más del Juego de Tronos patrio. La política-espectáculo, manejada magistralmente por la muñida vicepresidenta, cuyas creaciones, hay que reconocerlo, funcionan a la perfección.

Y mientras el Señor Baldoví confundía Estado y gobierno, dejando claro que nuestras instituciones están llenas de indocumentados, la diputada Oramás venía a darnos la tesis de esta columna de hoy: dejen de gastarse nuestro dinero en patochadas y tejemanejes. Dejen de aburrirnos con sus teatrillos que no ilusionan más que a los feligreses que se saben cercanos al carguete y la paguita. De paso le decía a Pablo Manuel que es un machista redomado, echando más sal y más pimienta. Fue la segunda vez que me reí. La primera, desde luego, cuando oí a Mariano decir que es un firme defensor de la Libertad Individual. Y lo decía en serio. Hay que tener el rostro muy duro. No vale ni como sarcasmo.

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