La divergencia y el péndulo

Publicado en ValenciaOberta.es

No creo que a nadie sorprenda ya que un político de carrera sea capaz de decir una cosa y la contraria sin que se le caiga la goma de la coleta ni se le tuerza el gesto. Si hay algo que caracteriza a muchos de los que se ganan el pan con el sudor de la frente de los contribuyentes es la maestría con la que cargan en el debe del adversario político todos los males del mundo. Lo mismo ocurre con sus acólitos de la prensa, que obvian los males del propio y magnifican los males ajenos. Las redes sociales son el diablo que ha cargado la bala de la premura. Cualquier hecho es noticiable con tal que ponga de manifiesto la fealdad del oponente o lo guapísimo que es nuestro amado líder. La verdad, la realidad o el frío dato son solo molestias en la era del ya, aquí y ahora.

Entre tanto uno se levanta más o menos a la misma hora. Viste a los niños para llevarlos al cole. Se chupa un rato de atasco, de metro o de bici y se dedica a trabajar la mitad de su jornada para que chupen del bote los del párrafo anterior. Son dos cosmovisiones, las de estos dos primeros párrafos, totalmente divergentes. El mundo de la consigna poco tiene que ver con el mundo real.

No obstante, en el pecado de las redes sociales muchas veces se encuentra la propia penitencia. Una suerte de yin yang es la tecnología, la que permite que infames malnacidos se cisquen en la muerte de Bimba Bosé demostrando la misma bajeza moral que los que dicen tener enfrente, pero que ofrece una realidad mucho más aproximada a la real que la de los titulares de los medios masivos. Si se escarba lo suficiente entre la basura de la red encontrará algo parecido a la realidad. Hoy se pone de manifiesto gracias a internet que los fascistas se llaman a sí mismos antifascistas, los comunistas anticomunistas, los nazis antinazis. Muchos de los que dicen servir a la Libertad solo se sirven a sí mismos, en el mejor de los casos.

La realidad que vivimos destierra las mentiras que nos llevan contando los socialistas de todos los partidos. Frente a nosotros la pintura multicolor de la tecnología nos ofrece mil y un matices sobre la verdad, los hechos o las mentiras. Frente a nosotros se ven dos caminos. El populismo, que viene a sustituir las mentiras viejas y usadas por otras nuevas, distintas y más atractivas o el camino de la Libertad, que supone la rotura, que no se presume fácil, con la mentira. La ruptura con la falsa tranquilidad que nos proporciona el manto agujereado del Estado, que ni cobija ni abriga. Solo cuesta dinero.

Es el final de un ciclo. Los últimos estertores del Estado que nació, ironías de la vida, cuando los liberales quisieron trasvasar el poder de la aristocracia para dárselo al pueblo, sin reparar que el poder es un péndulo de derecha a izquierda y viceversa, y que sin condiciones externas que cambien el vaivén así seguiría eternamente. Entre populismos y extremos. Entre pueblo y aristocracia. Derecha o izquierda. Entre la clase alta y la baja. Entre los de aquí o los de fuera. Entre fascistas y antifascistas. Entre una cosa y la misma reflejada en el espejo. Veamos pues si los caminos divergentes que ya se plantean divergen lo suficiente para romper el péndulo. Esperemos que sí.

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