Orgías de gasto y deuda

Publicado en HeraldPost.es

Por mucho que pasen los años hay muchas cosas que me siguen asombrando. Me asombra que cuelen tantos y tantos aspectos de las estrategias venenosas de la socialdemocracia. Me asombra que el comunismo y los comunistas no sean puestos en la picota como los nazis. Me asombra la alegría de los políticos y de muchos periodistas cuando rompemos de nuevo el record de endeudamiento del Estado, sólo porque nos la cobran más barata. Y me asombran las cantidades ingentes de dinero que son imprescindibles, según muchos, la mayoría, para hacer política. En realidad, todos estos asombros pueden ser considerados como el mismo, aunque con distintas puestas en escena.

Gastar por encima de lo que uno produce es del todo insostenible a medio plazo. Una mala tarde la tiene cualquiera y puede entrar en números rojos, díganmelo a mí. Pero vivir instalado en el déficit, solo puede traer miseria a la población. Díganmelo a mí también. La transformación de valores, donde el ahorro y el esfuerzo que conlleva, el sacrificio por un mejor mañana, se han convertido en una orgía del gasto y la deuda, me confunden. Cada uno en su casa puede pasarse la vida de juerga, de orgía en orgía, y tiro porque me toca. Su cuerpo y su dinero son suyos. Los crímenes sin damnificado no son tal. Pero el hígado del Estado lo pago yo con mis impuestos, y no me parece de recibo que se atice más gintonics de los imprescindibles. Mi cirrosis es cosa mía. La cirrosis Estatal se lleva a demasiados justos que por el camino pagan por los pecados de la casta dirigente.

Como consecuencia nunca habrá suficiente dinero para hacer políticas. Siempre en deuda. Así el Señor Ximo Puig se quejaba amargamente esta semana que no puede hacer nada sin el concurso del Estado. Los 17.000 millones del presupuesto de la Generalitat Valenciana, la más endeudad porcentualmente y la segunda en euros totales, son pecata minuta. Calderilla. Herencia de los manirrotos del PP. Pongo la mía porque me la sé, pero en sus comunidades autónomas la cosa seguro que anda por el estilo. Puig tiene que pagar deudas. Pero sigue metiendo gintonics al cirrótico hígado de la Generalitat.

Se precisa con urgencia una desintoxicación. Uno, sin embargo, es pesimista en ese sentido. Morirá el sistema actual de sobredosis de deudas – de impresión de dinero fiat, de intereses artificialmente bajos. Reventarán las costuras porque no se puede gastar más de lo que se genera. Generamos valor. Y lo confundimos con euros. Asociamos la buena diversión al consumo del estupefaciente crédito. No es lo mismo gastar bien que gastar mucho. No es lo mismo divertirse a tope que drogarse continuamente. Debemos tripitir hasta el hartazgo esta máxima. Desmontar la trampa estatal de que aumentando el presupuesto se mejoran políticas. No. Es falso. Y nuestro deber ciudadano es repetirlo una y otra vez. Gastar mucho o poco es muy distinto de gastar bien. Incrementar el gasto es constatar negro sobre blanco el fracaso de las políticas llevadas a cabo. Toca afear el gesto a nuestros políticos. Exigir criterios de eficiencia. De manejo eficaz de muy poco dinero. Y de no dejar que tengan efectivo a mano, que luego vienen Pujol, Rita, Griñán o Maleni, que pasaban por ahí.

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