Me quedé sin tiempo

Publicado en HeraldPost.es

Probablemente no hayan echado en falta la pasada semana la columna semanal que éste que suscribe saca de las teclas con mejor o peor fortuna cada siete días y, hasta hace siete días, con puntualidad de reló suizo. Antes de que el pensamiento se resienta, o más bien cuando uno nota que lo está haciendo – antes es materialmente imposible – es mejor detener el buque y dejar de embestir las rocas. Aconsejable es pues echar el ancla y buscar puerto seguro o viceversa. Los que dividimos nuestro tiempo en distintas actividades, con más frecuencia de la deseada nos vemos inmersos en una suerte de marejada, que nos trastoca horarios, sueño y compromisos. Menos mal que en esta santa casa ya sabían con quien se jugaban los cuartos y la cosa no pasará a mayores.

Si se han molestado en leer quien soy y conocen los mecanismos de la LOREG, la ley que rige los resortes electorales de este país, pueden intuir que la causa de mi desenfrenada actividad de los últimos días no es otra que la recogida de firmas, avales lo llama la ley, para poder presentar la candidatura del Partido Libertario en la circunscripción de mi provincia, Valencia. Perpetraron el desafortunado texto hace ya unos años, con alevosía, como última ley de la última legislatura del presidente Zapatero, y tuvo el apoyo entre otros de UPyD. La ley limita el acceso de cualquiera a su derecho constitucional al sufragio pasivo, a presentarse a unas elecciones, vaya, y por lo tanto dificulta, una vez más, algo recogido como inherente a cada ser humano en la Carta Magna.

No, no soy un hipócrita, la Constitución del 78 es un auténtico desastre, a mí no me vale como coartada de nada, pero no quiero dejar de poner de manifiesto cómo los que dicen defenderla, la retuercen de mil y una maneras, trastocándola en el fondo y en la forma y pasándose de rosca siempre del lado del sufrido contribuyente. Y de paso, recordarles a todos los UPyD del congreso, que las leyes que aprueban les pueden parecer estupendas para mantenerse en el cotarro, pero que llega un momento, y siempre llega, en que la democracia te pasa por encima, y en ese instante las cosas que eran antes de color de rosa, o magenta, c’est la vie, se tiñen de un marrón parduzco. Tipo hez.

Sería bueno que los políticos se pararan a pensar, un día de estos, en qué cosas pueden ser sancionadas como ley y qué cosas no, desde un punto de vista filosófico, motivado, lógico, en definitiva para llegar a bien común objetivo, si tal cosa existe. Se sorprenderían de cuan pocas cosas son, y que además todas, o casi, irían en la línea de limitar sus secreciones genitales. Por cierto, sé que estoy pidiendo la luna. Lo tengo claro.

Echando un vistazo al panorama más que claro, queda cristalino. Transparente. Hijos de papá que nos quieren decir a los demás como hemos de vivir. Me recuerdan demasiado a la letanía aquella de que el abuelo abre la empresa, el hijo la hace grande y el nieto se la carga. Pues en algo de eso estamos. La caterva de nuevos políticos, a la vista del CIS, está soportada por una masa de nietos que no pasaron hambre, con abuelos de posguerra e hijos que quisieron evitar a los suyos las zozobras de la transición. Súmenle un sistema educativo pensado para apartar al alumno de todo mal, escondiéndole el mundo real, y tienen España en 2.016. El próximo gobierno que querrá arreglar el mundo a golpe de decreto, venga de dónde venga. Y será aplaudido por los suyos. Y entonces la realidad llegará y les pasará por encima. Y será culpa del capitalismo, del libre mercado y de los fachas. De Merkel o de la Troika. De la abuela, que fuma. Que así me lo aprendí yo, porque así lo dice en los libros. Yo tengo un libro escrito, ¿y? Acabaran teniendo su momento UPyD.

Ahora me voy a comer, a seguir recogiendo firmas, digo avales, y a intentar que mi vida siga ahí donde estaba. Repitiendo que con el BOE no arreglaremos nada. Que algunos ya hemos hecho esa reflexión que les decía. Y que pese a todo estaremos dónde tenemos que estar. Los que hay están todos acabados. Son una suerte de Walking Dead de saldo. La socialdemocracia está zombi. Solo hay que ir acabando uno a uno con cada virus. Lento, sí, pero avanzamos.

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