No es la solidaridad, es la mezquindad.

Cuestión de solidaridad. Ese es uno de los caballos de batalla de colectivismo progre que nos invade. Parece ser que sin la imposición estatal, los seres humanos, que somos un lobo para los seres humanos, nos comeríamos unos a otros, sin dejar los higadillos. El argumento me cansa. Me irrita. Y, a veces, hasta me saca de mis casillas. Por mezquino. Por cobarde. Porque pone de manifiesto que quien lo defiende, en el fondo, y en muchos casos, tiene un miedo atroz a sí mismo. Porque pone de manifiesto la falta de solidaridad de los que enarbolan la bandera colectivista. Porque destapa a las claras que en rinconcitos de su cuerpo de los que no habla con sus amiguetes, el colectivista necesita al Estado para que le obligue a ser solidario, ya que en realidad es un pobre ser, que sería un lobo para el hombre, si tuviera el coraje y los cojones de hacer lo que realmente quiere. Pero ni eso.

Importa poco que allí donde haya más libertad la gente viva mejor, no porque tenga más dinero, que también, si no porque disfruta de muchas más libertades además de la económica. Que importa que la realidad no se ajuste a mis creencias socialistareligiosas. En España los niños se mueren de hambre. Así han abierto los telediarios y así los niños han ido cayendo uno tras otro, ¿no? Pues no. Rotundamente no.

Algunos viven instalados en la estupidez falaz de que solo el Estado puede proveer. Así se convierten en esclavos preparados para defender al amo que les escupe unas migajas para que subsistan. Si el Estado te lo da, el Estado te lo puede quitar. Y si partimos de que el Estado no produce, concluiremos que el Estado solo puede quitar. Y por lo tanto, cuando te da,  te devuelve algo de lo que previamente te quitó. Ha sido, es y será así. Siempre. No es fuente de solidaridad. Si no todo lo contrario.

Mirando un poco alrededor encontraremos inacabables muestras de solidaridad humana. Y son absolutamente patentes allí dónde el Estado no está. O no llega. Allí sí llegan las personas. Y siguen cooperando. Sin necesidad de que nadie las coacciones. Somos seres sociales, que no necesitan que nos recuerden que lo somos. Algunos al menos no lo necesitamos. Sabemos que necesitamos a los demás para realizarnos como individuos. Y ellos a nosotros. Los seres humanos nos hemos ayudado, nos ayudamos y nos ayudaremos. Con y sin el Estado. Si alguien piensa que la razón de la existencia de la burocracia estatal es la solidaridad, si alguien piensa que es necesario el Estado para que exista, no es descabellado pensar que aquellos que así piensen no serían solidarios si no fuesen obligados. Los Estados ponen vallas. Aranceles. Si alguien defiende que existe la solidaridad estatal es un ignorante o un mentiroso.

Utilizar la solidaridad como arma arrojadiza para atacar el antiestatismo, la libertad, es un argumento mezquino propio de personas mezquinas. Aquellos que lo esgrimen deberían plantearse por qué tienen que obligarles a ser solidarios. A mi no tienen que obligarme. A muchas otras personas tampoco.

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2 comentarios sobre “No es la solidaridad, es la mezquindad.

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