Apaga la tele pública

Publicado originalmente en LiberalSpain.com

Estaba leyendo en un medio digital un artículo sobre una conferencia de Kevin Spacey a propósito de lo que será, o más bien ya es, el negocio audiovisual. Cargado de razón según mi humilde opinión.

Vamos camino de mundo de televisión a la carta, cine a la carta, música a la carta, entretenimiento bajo pedido, al fin y al cabo. En el mismo medio, tras cerrar el mencionado artículo, me encuentro con otro que glosa los últimos números de nuestras televisiones autonómicas y no he podido resistirme a retomar mi actividad articulista, dejada de lado por el asueto veraniego.

Tres de las trece televisiones autonómicas has intentado venderse sin éxito, la mayoría no pasa de una cuota de pantalla del 5%, los ingresos en publicidad descienden más de un 30% en los últimos doce meses en la tele pública. Suma y sigue.

Sumo todo y ¿qué resulta? Un modelo agotado o a punto de hacerlo, que es inviable y nada atractivo para la inversión. No es sólo que las televisiones públicas encarnen el paradigma del adoctrinamiento y el sectarismo, que también. No es solo que sean la materialización del pan y circo romano, que lo son. Es que además están ya fuera de mercado. Representan el pasado. Miren si no que pasa en la industria musical, donde ya son muchos quienes publican sus álbumes para descarga gratis o a precio razonable. Fíjense en Netflix, que publicaba la serie de Spacey, de una tacada, a precio razonable, y que además opta a varios premios. Esto es lo que hay. Y lo que vendrá.

Pero tú y yo tenemos que seguir pagando. Y cuanto más tarden vender o cerrar las televisiones públicas, mayor será su coste de cierre, porque peor será su modelo de negocio, que ya es caduco. Y aun así algunos habrán que las defiendan. Muchos quieren hacernos pagar a ti y a mí la tele que ellos quieren.

Porque en todo este maremágnum hay alguna televisión que parece que funciona. ¿Sabes cuales son las televisiones autonómicas más vistas?, ¿no lo adivinas? Gallega, Vasca y Catalana, y la razón es más que evidente. El escaparate nacionalista. Es una de las claves de su éxito. Han sido, son, y mientras los ciudadanos lo consientan, serán, el altavoz de sus ideas. La voz de su amo. Algunos, interesados o incautos, defenderán lo indefendible.

Pero me desvío del asunto, que no es otro que poner sobre la mesa una razón más para el cierre de los entes públicos, autonómicos, para empezar, por empezar por algo. Quizá hoy aún valgan algo y se puedan salvar algunos puestos de trabajo, pero en estas fechas la televisión tal y como la conocemos tiende a desaparecer, y si eso ocurre, además del coste que nos supone en impuestos, de las falacias, medias verdades y tergiversaciones que nos hacen tragar y del nido de enchufismo que vienen suponiendo, tendremos unos mamotretos inservibles que solo servirán como decoración, a modo de ruinas. O eso, o vender las piezas al desguace, que así a lo mejor valen algo.

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