La corrupción es hija del hombre

Publicado originalmente en liberalspain.com

La corrupción es hija del sistema en que vivimos, es hija del hombre. Es imposible erradicarla quizá siquiera con un cambio absoluto de paradigma de vida. Las personas somos falibles, cometemos errores y por lo tanto fuimos, somos y seremos corruptas en potencia.

No hay más que pensar en una situación en la que de nuestra decisión dependiera la contratación para un puesto en la administración de ese pobre chaval con cuatro hijos que está en el paro hace 3 años, poco preparado pero majete en un puesto que ha solicitado alguien desconocido, pero cuyo currículo impecable se ajusta claramente a las exigencias del puesto.

Quizá no nos parezca mal contratar al parado, pero este ejemplo, algo extremo, ilustra creo situaciones en las que por distintas razones, buenas personas, políticos o funcionarios honrados, pueden verse en la tesitura de traspasar la línea, obrando de buena fe, pero cometiendo un acto en ocasiones ilegal.

En un sistema en que las decisiones dependen de personas, falibles repito, tendremos pues siempre corrupción. Incluso en un sistema de honrados políticos Aquarius. (Me viene Raphael a la cabeza, y no sé si reír o llorar)

La solución por tanto, si queremos eliminar la corrupción pasa por llegar a un sistema donde no quepa la posibilidad de personas obligadas a tomar decisiones. Y eso solo ocurre en la anarquía.

Quizá otros menos radicales que yo en su forma de entender el liberalismo no quisieran llegar a estos extremos. Entonces tendrán que convivir con la corrupción. Cierto es que podemos modificar partes del sistema para desincentivar la corrupción. Podemos pedir listas abiertas para que los propios correligionarios del corrupto se afanen en apartarse de él, para que no se vea manchado su nombre. Es una opción que duda cabe. Podemos solicitar exámenes de acceso a puestos de trabajo totalmente asépticos, gracias a la informática, donde la puntuación se otorgue de forma automática y por lo tanto el puesto de trabajo. Podemos sanear el sistema de justicia y cambiar algunas leyes para que las corruptelas queden fuera de la mente de los servidores públicos, del tipo que sean.

Pero al final, y en definitiva todas estas soluciones estarán definidas por humanos, seres falibles. Serán opinables. Y susceptibles de circunvalar. La corrupción estará ahí mientras haya poder. Entre todos los hombres buenos habrá hombres malos y hombres que flaquearan. Así que mejor nos olvidamos del poder. Quizá a algunos les baste con los parches. A otros no.

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