El sonrojante cambalache

Hace ya unas semanas que decidí tomarme unas vacaciones del asunto de la tecla. Por un lado, mi vida personal y laboral me exigen que les preste cada vez más atención y por otro no puedo dejar de reiterar que la fiesta de la democracia resulta tremendamente estomagante e indigesta al que suscribe. Cada vez más. Podría haber aprovechado el púlpito para tratar de convencerles y orientar su voto hacia posiciones que me convengan, pero la verdad, ustedes que me leen de cuando en cuando saben perfectamente de que pie cojeo y son muy dueños de hacer con su voto lo que quieran. Para alguien que se autodefine como anarquista, la puesta en escena de los últimos meses no siempre es asumible, y cuando la interfiere en demasía con la vida privada, tiendo sin lugar a dudas a dar preferencia a esta última.

Por otro lado, ya ven que todo cambia para que todo siga igual. Volvemos a la época de Zapatero, con una tormenta perfecta en ciernes y con el peor equipo económico imaginable para capearla. El suflé podemita y el voxita tienen sin duda distintos puntos de cocción, pero van camino de la misma irrelevancia. Ciudadanos demuestra con cada acción que es la respuesta del sistema para mantener el sistema tratando de parecer que va a cambiar el sistema. Pactará a derecha y a izquierda, según convenga, para apuntalar el bipartidismo. Son más cómodas las bisagras en el centro que en los extremos, al menos en lo que a política se refiere y por lo que parece.

Mientras pues seguiremos con las leyes de género, los carriles bici, el otrora calentamiento global y otras cuestiones ideológicas que nos tienen sorbido el coco. No se preocupen, el mundo no se irá a la mierda. Llevo escuchando esa cantinela desde que nací. Los que son más viejos que yo saben de que hablo. De todo se sale. Salimos de la crisis del 2008 y saldremos de lo que venga. A nadie importarán los que se queden por el camino, que serán unos cuantos. C’est la vie. Pero otros muchos, seguirán – seguiremos, espero – adelante.

Es el momento del cambio. Del cambio de principios y poltronas. Del cambalache. De comenzar a defraudar al elector, que una vez más tragó con las ruedas de molino y verá sin duda como le ponen el culo como un bebedero de patos. El sonrojante cambalache post electoral. Sorprenderá probablemente que esto salga de la tecla de alguien que periódicamente participa del sistema ejerciendo su derecho al sufragio pasivo, esta vez también. Pero uno es inquieto y sabe que la otra alternativa a esta panda de estatistas es todavía peor, por violenta. Seguiremos evolucionando, que las revoluciones son demasiado peligrosas, cuando no absolutamente inocuas y efervescentes. Todos quemamos algo en nuestra época estudiantil con el megáfono en la mano. Hoy ya no nos creemos nada. Somos más viejos y tenemos el estomago más delicado y sabemos lo que valen las cosas.

Publicada en DesdeElExilio.com

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