El fin del mundo

Son muchas y evidentes las razones que me impulsan a pensar que estamos ante el fin de una era. No es éste un post apocalíptico ni mucho menos. El fin del ser humano se producirá cuando tenga que producirse, cuando el sol se apague o nos engulla un agujero negro, quién sabe. Lo que se parece terminarse es el siglo XX, veinte años después. El siglo de la radio y la televisión, el siglo del cine también, da paso al de internet, definitivamente.

Según los estudiosos de la comunicación y el consumo de medios, en el año 2019 se consumirán más horas frente al ordenador que frente a la televisión. Lo cual, a mi modo de ver, es una fantástica noticia. Internet, estará más polarizado en lo que a opiniones se refiere, pero sin duda es más libre. El socialismo imperante y global se ha adueñado de la educación y de los medios, también en gran medida de los privados, pero no ha podido, y dudo que pueda con la red de redes.

Por un lado, vemos las purgas a las que nos tienen acostumbrados en los medios de comunicación estatales, mientras por el otro cualquiera puede tirar de hemeroteca para echar en cara a Pablo Iglesias que ahora adore a la misma sanidad que hace unos años decía que nos iba a matar a todos. Se destapan a diario las incongruencias de los partidos políticos y sus bandazos, los globosondas del gobierno y la eterna repetición de los ciclos que provocan sus torpes intromisiones en nuestra Libertad.

Muchas grandes empresas ya no solicitan titulaciones, buscan capacidades y aptitudes que la educación reglada se encargó de sepultar. Mientras tanto, la Unión Europea intenta poner puertas al campo de Netflix, HBO o Amazon Prime, obligándoles a incluir contenidos europeos, éstas como Google, desbordarán cualquier atadura estúpida y proteccionista. Puesto que los gobiernos no son capaces de ofrecer los contenidos con la calidad que demandan los ciudadanos, como demuestran los datos de audiencia de la nueva y purgada RTVE, se sacan de la manga nuevas regulaciones, pero los contribuyentes, cada vez más se alejan, sabiendo o sin saber que lo hacen, del contenido oficial. Cierto es que podremos encontrar megas y megas de contenido oficialista en la red, pero el subversivo también está presente, y por cada troll en un lado puede nacer otro de signo contrario y un tercero o cuarto contra ambos. La fuerza está mucho más equilibrada.

Volvemos a premiar la capacidad y no el nombre. El campeón de liga arranca cada año con los mismos puntos que el colista. Cada día hay que demostrar y eso no se queda en un papel. La desconexión ocurrirá, sin embargo, los animales heridos son los más peligrosos. No hay más que pensar en una Venezuela a nivel mundial, para entender lo que digo. La presión de aquellos que llamaban casta ¿los recuerdan? será cada vez mayor. Estamos viviendo tiempos apasionantes. Sin duda.

Publicada en DesdeElExilio.com

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