El Estado que no cesa

Publicado en ValenciaOberta.es

Suelo escribir estas líneas a media tarde, después de tomar un café y, si he tenido tiempo como hoy, de leer la prensa o pasearme por las redes sociales, para buscar a las esquivas musas. Andaba yo distraído leyendo un artículo de Antonio J. Chinchetru para el Juan de Mariana, dónde alerta de los peligros de esos salvadores de la patria que usan la Libertad como excusa para instrumentalizar el poder, y ponerlo a servir a intereses diferentes a los actuales, pero intereses al fin y al cabo. Los Putin y los Le Pen, y algún otro que ustedes tendrán en mente. La solución a los problemas que crea el Estado no es un Estado pintado de otro color.

Entroncaba el asunto con la corrupción nuestra de cada día, esta vez, y ya van unas cuantas, en forma de PP madrileño y financiación irregular, salpicando de lleno a Cifuentes y su buen rollito. Y entronca porque por más que muchos se empeñan en presentarse como los redentores del pueblo, no hay más redentor en la vida de cada uno que uno mismo. Si acaso la gente cercana, muy cercana que le quiere bien. Ya saben, los dedos de una mano.

Bien sabemos en Valencia lo que ocurre en democracia cuando alguien se eterniza en la poltrona. Pisar moqueta y corromperse acaban por ser sinónimos cuando ha pasado suficiente tiempo. Cierto es que muchos nunca llegan a alcanzar ese hito, pero igualmente veraz es que allí donde hay gobierno ha aparecido la sombra de la corrupción y allí donde este se ha perpetuado más allá de un par de legislaturas (en realidad en prácticamente todas las autonomías) la sombra se ha convertido en peste. Tras más 40 años de la muerte de la muerte de Franco parece que el hedor a cadáver inunda cada rincón de la agenda política.

 Mientras, para distraer la atención y cultivar los favores, gobiernos como los nuestros se dedican a luchar contra las emergencias sociales de este mes. Una vez puestas las faldas a los semáforos toca cambiar el nombre a 50 calles, algo que la gente pedía a gritos, en cada manifestación. O no. Cambiar de lugar a un muerto, que hace tanto que murió y que no quería ser enterrado dónde lo enterraron y de dónde lo van a sacar es con lo que nos tienen entretenidos. Si no fuera porque la peste es tan hedionda, quizá conseguirían distraernos. Que vayan a cumplir el deseo del execrable dictador español de no ser enterrado en el Valle de los Caídos no deja de ser una curiosa ironía. No deja de ser tampoco un truco de magia en el que mientras el mago distrae con la mano derecha, la ayudante realiza el truco entre bambalinas. El clientelismo y el nepotismo, ya se abren paso. En cuanto conozcan los resortes del poder, como los conocía perfectamente el Partido Popular, la cosa pasará a mayores.

Solo es cuestión de tiempo, los Trump o los Putin, los Ribó o los Puig, los Le Pen y los que vengan acaban pillados. No hay voluntad para darle la vuelta al Estado, solo para aprovecharse de él. Y así los corruptos (o los yihadistas) harán su agosto. No hay más voluntad en un salvapatrias que la de salvarse a sí mismo. Y en eso sí debería usted imitarlos. En salvarse a sí mismo. Cuando la sociedad civil cede ante el poder político, ante cualquier problema real, el poder político llegar tarde y mal o no llega nunca. El Estado solo sirve al Estado. Y no cesa de masturbarse, autocomplaciente.

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