Pablo no es contingente, es necesario

Publicado en ValenciaOberta.es

Estaba leyendo las declaraciones de Bescansa sobre el imprescindible concurso de Pablo Iglesias en todo lo que venga en Podemos y me vino a la cabeza un Rafael Alonso, con coleta y camisa de leñador, en lugar de elegante traje blanco junto a una Fedra Lorente, mucho más cutre y delgaducha, en plan Irene Montero, entrando los dos, cogidos del brazo en Vistalegre II. No he podido resistirme. Hasta colgué el fragmento de “Amanece que no es poco” en las redes sociales. A Bescansa le ha faltado parafrasear al lugareño gritando “Pablito, que todos somos contingentes, pero tú eres necesario” para bordar el titular.

No se sabe muy bien si Monedero da el pego, como ese intelectual interpretado por Tito Valverde que lo mismo te habla del materialismo dialéctico que se quema el culo al cagarse un pedo o si Tania encontrará su hueco en todo el embrollo, pues anda desde siempre como Enrique San Francisco, buscando cambiarle el papel a alguien pero saliendo en la peli. Lo que sí está meridianamente claro es que ocurra lo que ocurra en el multiusos de Carabanchel, las elecciones podemitas – el Congreso lo llaman – las ganará la Secreta y las perderá la Guardia Civil, que por cierto son los mismos, aunque sin el Cabo Fermín. Hagan sus quinielas para ver quien o quienes – o quienas – tomarán ese rol.

 Los que hemos visto una y cien veces la película de Cuerda, solemos convenir en que cada vez que la ves encuentras un matiz, un fotograma que se te había escapado u olvidado. Cuando ves la historia repetida de otro partido comunista como Podemos, el labio se tuerce en una mueca de sonrisa. Y es una mueca y no una sonrisa franca, porque no es lo mismo el absurdo mundo creado por el cineasta de Albacete que la tosca realidad de las purgas y las checas estalinistas. Podemos no es ficción.

Si lo piensan con detenimiento el absurdo mundo podemita tiene muchos otros paralelismos con la absurda película. Sus prebostes repiten eslóganes como si acabaran de ser cultivados en un bancal, sin conocimiento ninguno de la Historia. Sus viejas glorias se comportan como niñas vírgenes, que no han roto un plato, como Maria Isbert. Sus ideas y discursos son viejos plagios revestidos para la ocasión, lástima que no de Faulkner. Y también incorporan algún intelectual iluminado, que está de año sabático y pasaba por allí, pero que acaba largándose a Oklahoma de nuevo, en cuanto huele el percal o no se sale del oficialismo.

La triste realidad es que todo este absurdo es realidad. Y que mientras sigan con el teatrillo y solo sea teatrillo ellos mismos se irán descalificando. Y con un poco de suerte se acabarán desinflando y no tendremos que cagarnos en el Misterio, pistola en mano. Eso sí, no se me descuiden.

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