La desafección

Publicado en ValenciaOberta.es

Si hay un fenómeno que parece cada vez más enraizado en todo el mundo es la desafección de los ciudadanos a la clase política. Hechos a nivel internacional, como la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea o el reciente referendo para apuntalar el tratado de paz en Colombia, entre el gobierno del país y las FARC, demuestran bien a las claras como cuestiones que son del todo fundamentales para el ejercicio del Gobierno, o eso parece, importan poco o se toman a chufla por gran parte de la población. Los dos mismos ejemplos me sirven.

La sociedad progresa a su ritmo. Evoluciona. Muchas veces al margen o, incluso en contra, de quienes ostentan el gobierno. Mientras las muestras y símbolos de los dirigentes van por su lado, aquí también, los valencianos vamos por el nuestro. Así ha sido una vez más en el 9 d’Octubre. Conviene a quien quiere seguir en el poder gobernar sin meterse en jardines, aunque te lo estés llevando crudo, mucho más que aplicar la política de rodillo. Pisando juanetes y levantando ampollas. 25 años de gobiernos populares, trincando a manos llenas y hasta muy al final, todo parecía ir bien. Puig – tampoco ayuda como tiene la casa el PSOE –, Ribó y compañía parece que no hacen más que saltar de charco en charco.

Puesto que no hay obligación de expresar las propias convicciones, vía papeleta o cualquier otro modo, comicio tras comicio una amplia masa social pasa del asunto. Sólo cuando los juanetes se pisan demasiado y duelen, sólo cuando ya han salpicado demasiados charcos, parece que hubiera repunte. Es más por evitar futuras molestias que por convicción, me temo. Si no hay indignantes sucesos, atentados o corruptelas, tengo la sospecha que podrían perpetuarse eternamente gobiernos poco molestos. Esa fue la táctica pepera hasta que se les fue de las manos. Un poco de espectáculo en la forma y no demasiado en el fondo. No hacer demasiado. Que no se note demasiado.

Todo esto viene a apuntalar la tesis, confirmada por un año sin gobierno central, que parece llegar a su fin, de que éstos, los gobiernos no tienen demasiada utilidad real. Establecidas unas reglas del juego conocidas y con unas instituciones en funcionamiento, se puede crecer a más del 3%, incluso en España.

Visto lo poco que aportan, más allá de incomodidades, cabe preguntarse muchas veces para que están. Los gobiernos, digo. Aquí el que suscribe opina que poco o nada. Un poco de circo, desde luego. Y molestias. Y la desafección social así lo confirma. Todo el tinglado que a tantos parece tan importante, no solo no lo es para muchos, si no que viven su vida al margen completamente de ello. Y crecen las economías, pese a los gobiernos, y abren tiendas y negocios, y la vida sigue. Los padres enseñan a sus hijos lo contrario de lo que les enseñaron en el cole, y la vida sigue. Y cada uno habla como le da la gana. Y la vida sigue. No pretenderán decirme encima, cómo me he de sentir. Que la vida que sigue es la mía.

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