La rebelión de las máquinas

Publicado en ValenciaOberta.es

Son universos distópicos recurrentes aquellos que presentan a las máquinas asumiendo su propia conciencia, tomando poder y pasándose por la piedra a cuanto ser humano viviente encuentren a su paso. No hay que pensar demasiado para recordar la trilogía de Matrix o a Schwarzenegger necesitando la ropa, las botas y la motocicleta del biker peludo. Seguro que aquellos más cinéfilos que yo son capaces de encontrar muchos más títulos que ilustran el miedo, más o menos generalizado, que el ser humano en general tiene a ser dominado por sus propias creaciones. La literatura y el cine están plagados de historias del estilo.

Si generalizamos el planteamiento, una creación humana somete a la humanidad, sorprende que no nos alarmemos porque esto esté pasando, ya hoy. Quizá no se haya consumado, pero bordeamos a diario una de esas líneas rojas que no conviene pasar.

Si lo pensamos bien, el Estado, la administración se creó para dar servicio al ciudadano. Como los calefactores o los ordenadores personales. La creación de Administración Pública, tal y como la conocemos es consecuencia por un lado del afán social de descabalgar a la aristocracia hereditaria del poder y por otro de otorgar ese poder a los ciudadanos que no tenían pedigrí alguno, pero que tienen igual dignidad que la aristocracia y entre sí . Todo esto simplificado y resumido. Y simplificando y resumiendo más la Administración es un Servicio Público al servicio de los ciudadanos. Como los calefactores o los ordenadores personales.

Hace ya muchos años que se torció el camino. Hace ya muchos años que la máquina se rebeló. No importa quien pilote. Obama o Bush. Clinton o Trump. Rajoy o Zapatero. Merkel o Schröder. La máquina parece programar a cualquier ser humano que entre a los mandos y todos actúan de forma pareja. Lo vemos con los ataques a Google o a Uber. Lo vemos a diario en la Comunitat Valenciana con la discrecionalidad del equipo de gobierno. A todos los niveles, Terminator ya está aquí, y va pillando motos y botas por doquier. A cualquiera que se le ponga por delante. Sean las empresas a las que Montoro sube los impuestos. Sean los autónomos que siguen pagando una cuota fuera de toda lógica.

No tiene sentido alguno, que nuestro servidor, nuestros empleados, aquellos a los que pagamos el sueldo, con nuestro sudor sean los que determinan cuanto sueldo cobran. En qué forma entra a cobrarlo. Quien además de ellos lo cobra y en concepto de qué. Es la absoluta perversión del sistema. Es la rebelión de las máquinas.

No debería ser posible un mundo en el que las empresas después de solicitar 40 informes, de obtener 40 respuestas favorables, de depositar fianzas vean rotos sus proyectos por la acción discrecional y partidista de la administración, porque legisla como le sale de la ideología. Esta vez 860 millones de inversión en Puerto Mediterráneo.

Quizá esta vez la promotora vaya a los tribunales, quizá pase lo mismo en el Chamartín de Carmena. Lo deseo mucho. Quizá alguien eche el freno como con el festival Marenostrum. Lo que es bien seguro es que la creación quiere rebelarse. Ya vivimos en Matrix, ya viene Terminator. Es nuestra creación y es hora de acabar con ella. De enterrar la distopía. De levantar la voz cada vez que trate de pasarnos por encima. Y usar todas nuestras fuerzas contra el Estado.

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