Mi bar, mis normas

Publicado en ValenciaOberta.es

Estos días abrió un restaurante nudista en Londres. Parece que en Tokio también tendrán uno. No obstante la clientela será distinta. Mientras el europeo parece que será un punto de encuentro donde no importe demasiado la apariencia, los nipones prohibirán el acceso a gordos y viejos. O eso dicen. Aquí ya tendríamos el lío montado. Ellos también lo tienen.

Nos parece del todo inadmisible que un lugar de ocio y esparcimiento limite el acceso a un colectivo, el que sea, pues es de pública concurrencia. Pública, na menos. La Gente o el Pueblo, somos la concurrencia. Y yo me pregunto, ¿el dueño del local es el Estado o un señor particular? ¿O una empresa? El que paga la reforma y los impuestos es un señor de la calle. O una empresa. Luego el negocio es suyo. Es de su propiedad. Tiene dueño. Por muy pública que sea su concurrencia.

A ti y a mí nos podrá parecer del género bobo que los locales limiten así su clientela. Incluso inmoral que no te dejen entrar a ese garito tan chulo y lleno de gente tan cool. Mi barriga probablemente me impedirá la entrada en el restaurante nudista de Tokio. ¿Y? ¿Tú dejas entrar a cualquiera en tu casa? No mientas que tú también le has cerrado la puerta al vendedor de Círculo de Lectores o has dado un portazo a los Testigos de Jehová. Es tu propiedad, y estás en tu derecho, moralinas aparte.

Tan absurdo es que alguien se entrometa en las normas de comportamiento dentro la propiedad en la que vivimos como estúpido es que se inmiscuyan en las normas de convivencia de la propiedad en la que trabajamos. Sea el negocio que sea. Legislar en este sentido es un ataque contra la Libertad Individual. La ley antitabaco lo es, por ejemplo. A todos nos parece fetén que no se fume en los bares, menos, quizá, a los vecinos del primero. A todos nos parecería horrendo una cafetería que segregara a un colectivo, el que sea. Probablemente tendría poco público y protestas en la puerta – y cerraría si así fuera, lo que es el mercado libre, oiga – pero no seamos hipócritas. En casa no entra todo el mundo. Y dejas fumar o no, a tu gusto. Pues eso, deja en paz al del bar, que bastantes autónomos paga.

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