Ir contra la realidad

Publicado en ValenciaOberta.es

Decía Richard Buckminster Fuller, Bucky para los amigos, que no puedes cambiar las cosas luchando contra la realidad existente. Hay que cambiar los modelos. Lo cierto es que puedes darte de cabezazos tantas veces como gustes contra la pared que quieras, pero al final, más temprano que tarde, las aguas vuelven al cauce de la realidad.

Por más que algunos se empeñen en disfrazar comunismo de socialdemocracia, el nivel de intervención que éstos exigen sobre la sociedad civil es tal que ningún socialdemócrata, ya no siquiera nórdico, si no del sur de la Provenza, los asumiría como suyos. Los modelos de convivencia han ido siempre adaptándose a la realidad del conocimiento y la tecnología existentes. Y conforme estos dos parámetros han ido avanzando, los modelos se han ido aproximando a sociedades cada vez más libres.

En el camino más reciente, fruto quizá del hartazgo de la población por distintas razones, quizá de la ignorancia colectiva o de la dejadez inherente al propio sistema, aparecen piedras en el camino, en forma de sistemas antinaturales, que tarde o temprano acaban por caer. Así mientras la revolución industrial ponía en valor la creatividad y el trabajo individuales, conjugados con los avances científicos que la permitieron, surgían otros movimientos de corte colectivista que pretendían organizar la vida de los ciudadanos de forma contraria a la esencia del ser humano mismo. Fascismo, nazismo o comunismo no son más que formas contra natura de organización social y por tanto son aberrantes y criminales y están abocadas al fracaso. Enfrente era Henry Ford, empresario, el que establecía las semanas laborales de cinco días y ocho horas diarias, pensando que así atraería a los mejores trabajadores. La creatividad.

En el marco actual, fascistas o comunistas, deben retorcer el lenguaje, sobrepasando la mentira y llegando al vómito intelectual. Lo cierto es que por desgracia es un arte que dominan con gran habilidad. Y convencen a muchos. Y los de enfrente compran su lenguaje y entran en su dialéctica, dejándose engullir.

Lo curioso y terrible del tema, es que la forma light de esta máxima intervención, la esclavitud por el voto que decía Rand, que no es otra que la socialdemocracia, se debate también entre la vida y la muerte, entre los estertores de deudas soberanas, quantitative easings y hiperregulaciones medioambientales o de género. El ser humano en tanto en cuanto es individuo pensante y creativo, al que ahora la tecnología permite tener información casi en tiempo real y al que han eliminado multitud de intermediarios, precisa cada vez menos de un Estado patriarcal y así exige que se vaya eliminando cuanta más grasa de éste mejor. De esta manera ocurre en los países punteros en cualquier ranking de bienestar.

Por lo tanto la única forma de cambiar las cosas es plantear modelos que se ajusten a la realidad humana y su entorno en cada momento. El hombre es libre, en tanto en cuanto tiene conciencia de sí mismo y de las decisiones que toma para influir en su entorno. Los modelos desfasados del pasado no sirven. Aquellos que además atentan contra la esencia humana solo llevan al caos y a la destrucción. Las sociedades maduras piden cada vez más modelos de mayor Libertad individual. De menor intervención estatal. Se trata pues de Libertad. Para variar.

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