Intelectuales

Plubicado en HeraldPost.es

Fernando Tejero me parece un tío simpático. Empatizo con él por el infierno que debió pasar cuando salió del armario, de forma valiente incluso diría. Me ha hecho reír un montón. Pero no tiene nada de intelectual.

Lo mismo me parece que es aplicable a Alberto San Juan o a José Sacristán. Sus rostros todos tenemos en mente en multitud de películas. Películas tan distintas como “Airbag” o “Vente a Alemania, Pepe”. No tengo muy claro si es arte o no. Para eso mucho más experto mi vecino del Herald, Adrián Rodríguez. Yo solo puedo decir que si reconozco una total desafección con el séptimo arte, que abarca tanto las superproducciones americanas como el género patrio, nada tiene que ver la tendencia política de sus intérpretes y creadores. Tampoco voy a ver películas de Clint Eastwood, quien por cierto fuera alcalde de Carmel, California, allá en los 80, y que tira mucho más para libertario que los anteriormente mencionados. Mis razones son otras.

Como el Sargento de Hierro, tenemos en España, aunque no lo parezca, faranduleros que no pintan de rojo su pensamiento. Loquillo o Alaska quizá sean los mayores exponentes de que por mucho que se empeñen, hay gente que piensa distinto en todos los ámbitos de la vida. Sobre Bertín, pueden preguntar a Adrián. Sobre James Hetfield, de Metallica, republicano confeso, o su antiguo compañero y líder de Megadeath, Dave Mustaine, quien se ha opuesto al matrimonio homosexual, ya se lo digo yo. Por cierto, que Megadeath tiene un bonito tema que emparenta con aquel La Mataré de Loquillo y Trogloditas, de un señor que mata a su pareja. Imaginen qué bochorno. Por cierto, del gran Alice Cooper, ni hablamos. No somos dignos. No somos dignos.

Todos los mencionados en estas líneas pueden considerarse muchas cosas, pero no son intelectuales. No son personas que se dediquen preferentemente al cultivo de las ciencias y las letras – que es la definición de la RAE – y ninguno es alguien que se dedica al estudio y la reflexión crítica sobre la realidad, y comunica sus ideas con la pretensión de influir en ella, alcanzando cierto estatus de autoridad ante la opinión pública – que es lo que dice más prosaicamente la Wikipedia. Ambas coinciden en que es necesario un cierto cultivo del intelecto, algo de ciencia y reflexión, para a través de ello alcanzar ese nivel de autoridad en la opinión pública.

Hasta tal punto hemos llegado a simplificar y vaciar de contenido los conceptos que empleamos, que vivimos la emergencia social rodeados de smartphones y tablets, en un país cuyos índices de pobreza no han dejado de reducirse desde la Guerra Civil. La socialdemocracia del PP y del PSOE o la de Podemos y Ciudadanos, necesita a los pobres o su existencia carece de sentido. La de los partidos políticos. Todos vemos documentales de La 2, pero los índices de audiencia de Mujeres y Hombres y Viceversa pasan por encima con holgura. No digo que los sesudos razonamientos para llegar a fin de mes, tantas cavilaciones, no necesiten un desahogo intelectual con programas vacuos, ligeros, contraintelectuales incluso, digo que la generación más titulada de la historia está regada de multitud de miembros que no son capaces de hilvanar dos frases seguidas que no sean como todo. El premio de la educación estatalizada y enrasada por abajo es éste.

El sueño de cualquier Hitler moderno es una realidad. Como sale en la tele, tiene carta de autoridad moral e intelectual. Como lo dicen en las noticias debe ser verdad. Como me lo enseñan en la universidad es palabra de Dios. Solo hay que llamarlos intelectuales desde el púlpito adecuado para que muchos los consideren como tal. El que los llamó intelectuales sale en el plasma del salón. Plasma de emergencia social, se entiende. Y aún algunos se preguntan por qué defendemos la libertad curricular en las escuelas o las universidades privadas. Por qué es necesario eliminar los medios de comunicación públicos. Son los dos primeros pasos para empezar a caminar hacia un mundo libre realmente. Para eliminar de los círculos de poder a tanto felón apoltronado. Y por cierto, felón es el que comete felonías, es decir deslealtad, traición, acción fea, nada que ver con cometer felaciones, que viene a ser eso de comerse una polla, la de Fernando Tejero, o la de cualquier otro, “intelectual” o no.

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