El cambio que no es tal

Publicado la semana pasada en ValenciaOberta.es

Cuando uno se presenta en plaza nueva la lógica parece indicar que lo adecuado sea establecer los principios sobre los que cimentará las bases de su cometido. Así el panorama electoral patrio, a todos los niveles; local, autonómico y en próximas fechas, nacional, se renueva, por así decirlo, elección tras elección este año. Promesas de cambio – ahí está la hemeroteca para demostrar que cambio es la palabra que más se usa como eslogan de campaña – se caen de la boca de los políticos de todos los partidos, como una suerte de maná  salvífico, siempre que alguien pregunta. Presentan credenciales.

La realidad y la experiencia, por el contrario, son implacables. Todos los partidos que concurren a los comicios nacionales con representación o posibilidad de ella, los mismos que concurrieron a las elecciones de mayo, forman parte de una suerte de amalgama más o menos homogénea que, allá por los años 70, fue bautizada como consenso socialdemócrata. Pueden ustedes hacerse las cuentas. Todos dicen defender mejor que el otro esa Seguridad Social creada por el franquismo, eso sí, poniendo bastante verde al franquismo, no sin razón por otro lado. Razón en lo del color. Todos presentan propuestas para controlar mejor a los ciudadanos, y que nadie escape de pagar. Todos se enorgullecen de que su programa es el que mejor va a gastar el dinero de los contribuyentes. Todos son la mejor opción pues para llevarnos de la mano allí donde ellos creen que debemos estar.

Los resultados de sus políticas de redistribución, de sus grandes ideas de progreso, ya las conocemos. El despilfarro de los grandes eventos y las grandes obras aquí, el 3% catalán o los EREs andaluces allá, nos cuentan el pasado. La nueva dirección de La Fe, la colocación de la pareja de Ribó, la política de gestos de alto contenido ideológico – las ganas de fastidiar al contrario, vaya – aquí o los apoyos de Ciudadanos a los EREs mencionados allá, nos hablan del presente. Los grandes partidos ya son viejos conocidos. Las ganas de cambio, siempre el cambio, de los nuevos van a unirse al caduco consenso. Mantener el Estado del Bienestar, que no es más que el Bienestar del Estado. Corrupción, corrupción y corrupción.

Servidor echa de menos cambio de verdad. Harto me tienen de oír las mismas ideas de los mismos que ya las presentaron. O de sus herederos. De frases que huelen a poesía, pero vacías de contenido. De adanes, que esta vez sí, van a aplicarlo todo muy bien. Y merecen nuestro voto por ello. Sus comités sí van a funcionar. Servidor echa de menos propuestas para controlar a los políticos y dejar libres a los ciudadanos. Propuestas que digan dónde se puede ahorrar y no cómo se gastará. Cómo pagaremos nuestras deudas y no cómo endeudaremos, más si cabe, a nuestros nietos. Propuestas, al cabo, que no me digan como tengo que vivir.

Su cambio, el socialdemócrata, el que ha aplicado el PP gastando lo que no tenía y subiendo los impuestos más de 50 veces, el que Ciudadanos, PSOE y Podemos prometen y el que Compromís avala no es más que la injerencia sistemática de unos políticos en la vida de los ciudadanos. En sus bolsillos o en sus mentes. En lo que comen o fuman. En con quien se acuestan y cómo se gastan las perras. Ese es el consenso. Lo teníamos con el PP. Lo tenemos con el PSOE y Compromís en la Comunitat.  Y lo tendremos con quien gobierne tras el 20 de diciembre en España. Así que de cambio nada. Nada de nada. Otra vez lo mismo que cuando la República, o antes, que yo no había nacido entonces.

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