#JeSuisBacon

Bacon

No he podido resistirme. Y no he podido por una razón muy sencilla. Uno es lo que es. Y lo que es uno, lo es gracias a lo que ha sido. Y durante muchos años, incluso ahora, soy, he sido y, me temo seré, beicon. O tocino. O panceta. O cansalà. Es lo mismo. Eso sí, no se alarme nadie. Esto lo entenderá el que tenga que entenderlo. Que son muchos y viejos amigos. Y que así, también les rindo un pequeño homenaje, en forma de broma privada, por haberme aguantado estos años.

No he podido resistirme a poner de manifiesto la reacción chispeante, crepitante, de las redes al informe de la OMS. Todos somos biecon. O salchichas. O Jamón Ibérico. (Con mayúsculas, sí) Todos hemos comprendido a las primeras de cambio lo evidente. Que no debe ser tan malo cuando aquí nos hinchamos y de cáncer vamos como en todas partes, más o menos. Aquí o en Italia o en Alemania. Que también se ponen de embutidos cosa fina. Hay que coger el informe con pinzas, vaya. Para análisis más sesudos sobre estas cosas puede consultar la pluma experta de Adolfo D. Lozano aquí o aquí. A mí sinceramente me preocupa centrarme más en otra cuestión.

De la misma forma que no caemos como moscas por cáncer de recto los mayores consumidores de embutidos del mundo, tampoco lo hacen los instaladores de antenas, por ejemplo. ¿Recuerdan la gripe aviar? No fue para tanto. Ni mucho menos. Seguro que alguno recuerda más ejemplos. En los años 70 íbamos hacia la cuarta glaciación. Ahora arderemos mientras el mar nos inunda. Y el petróleo se acaba, cada diez o doce años. ¿No?

El tema del embutido – carne procesada, vaya – nos toca más de cerca. Y por eso nos resulta tan absurdo. Y, qué cojones, las salchichas, la panceta y un buen chorizo se prestan a la coña. Pero rasquen. Hagan el favor. Dejen salir el meollo. Saben seguro que la OMS, FAO, UNICEF, ACNUR, IPCC y un largo etcétera vienen del mismo sitio. Todas hacen sus informes bajo los mismos principios. Con los mismos fondos. Sirviendo a los mismos intereses. Así que, por muy sesudos que estos informes parezcan, todos vienen a decir lo mismo. Que un bocadillo de panceta es malo de la muerte. O que la tierra se calienta. Y que vamos a morir todos. Que los niños son muy pobres. Y que la mierda huele a mierda.
Bacon 2
Cuando les presenten uno de estos informes, tómenlo como lo que es. La verdad es que la panceta mata. Te comes trece quilos, así a pelo, y vas al hoyo. Pero hay muchas formas de decirlo. La catastrófica vende más periódicos. Sencillamente. La realidad andará por otra parte. Abriéndose paso. Quizá más silenciosa. Pero tozuda. Ya saben.

Disfruten con moderación. De lo que les venga en gana. Vino. Chorizos. Chuletones de buey. Procesados o no. Que la vida es la que es. Y una alegría no le viene mal al cuerpo, serrano. O ibérico. Yo me termino ahora la cervecita, que también mata. Y me voy a poner a Siniestro Total, que me ha entrado hambre. Y ellos me darán comida.

 

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