La política que vendrá

Como libertario con carné de liberal que soy, si se me permite la broma, he seguido con atención – y me lo he pasado teta – el intenso debate entre Juan Ramón Rallo, María Blanco y Almudena Negro y sus voluntariosos partidarios. Que todos los tienen. Todos han aportado su granito de arena, con posiciones menos enfrentadas de lo que parece a primera vista. A mi modo de ver.

Juan Ramón Rallo, María Blanco y Almudena Negro
Juan Ramón Rallo, María Blanco y Almudena Negro

Siempre he sido y he querido ser un poco raro, quizá por ello y porque mi personalidad que se compone de una cosa y la contraria en casi todos los aspectos de la vida, tiendo a buscar los puntos en común en las discusiones y a minimizar las diferencias. Ya soy yo bastante diferente, no sé si me explico. Quizá muchos liberales y libertarios, adictos en mayor o menor medida a la discusión filosófica – las discusiones filosóficas sobre liberalismo son el opio de los liberales – le den una y mil vueltas al asunto. A mi me quedan algunas conclusiones sobre el asunto, más allá de otras cuestiones mollares. Y muchas cosas por hacer. Todo ingeniero, por mediocre que sea, sabe que el movimiento se demuestra andando.

Así entré en el Partido Libertario, pensé que algo había que hacer. Y por poco que me guste la democracia, anarquista que es uno, me gustan menos los tanques. Las revoluciones no suelen traer nada bueno. Las evoluciones por el contrario sí. Y siendo, como creo que somos todos los libertarios, de esos que no inician la violencia, no creo que nadie del mundillo reclame sacar las recortadas para tomar el poder (y acabar con él) justificando así que nos saquen del poder con las recortadas de otros. Queda pues un solo camino, ingrato y duro. Una travesía del desierto que tenemos y debemos pasar. Convencer. En sencillo en realidad. Repitan conmigo: Capitalismo bueno, socialismo malo. Capitalismo bueno, intervencionismo malo. Libertad buena, colectivismo malo. Y así hasta que la voz, la tecla o el lápiz se agoten. O la tinta del boli, caray. Por todos los medios. Piensen que hasta los socialdemócratas más recalcitrantes, lo comunistas mas populistas y los repite eslóganes más voceras solo pueden darse un número finito de golpes contra la realidad. O dejan su fanatismo a un lado o morirán sin comprender el mundo que les rodea, llorando porque no pudieron ver un unicornio, mascullando con su último aliento que no hicieron la guerra para esto.

La democracia (o lo que esto sea) es lo que tenemos ahora. Con todos los matices que ustedes quieran. Con todas las definiciones que los mencionados y otros puedan aportar. Y tiene sus reglas – que tampoco me (nos) gustan. Lo peor de todo es que estamos en el juego y obligados a jugar, participando más o menos, cierto, pero con escasas opciones de abandonar el tablero. Y una de ellas, en la que vamos muy retrasados, por cierto, respecto al colectivismo es la propaganda. Nos guste o no tenemos que aprender y empezar desde ya a casar la honestidad de nuestras ideas con la difusión main stream. Los ataques furibundos a las intervenciones de algunos adalides de la libertad en prensa y televisión dicen que estamos empezando a tomar el camino correcto. Pero hay que seguir.

Tengan esperanza. Y mucha paciencia. La política que viene, que vendrá, estoy convencido, es la de la libertad. No me tomen por un ingenuo, soy plenamente consciente de que ninguna situación es tan mala que no sea susceptible de empeorar. Pero la realidad manda. Ejemplos de que la libertad funciona los hay a puñados. Y hay que repetirlos. Y repetirlos. Y repetirlos. Y repetirlos. Si una mentira repetida puede acabar convirtiéndose en realidad en el inconsciente colectivo… ¿qué no puede hacer una verdad? Ni pensamos como los romanos, ni vivimos como en la Edad Media o el Renacimiento. Estamos donde estamos y la hora de la Libertad llegará. Pero debe madurar. En muchos ya ha madurado. En otros está en camino. Y en muchos fanáticos no lo hará nunca. Pero madurará.

Aun así, no podemos jugar el juego de la democracia con las reglas del anarquismo libertario. Tenemos que jugar con las reglas de la democracia. Muchos se han apropiado de ella para aplicar más colectivismo y menos libertad, pero puede tomarse para todo lo contrario. Quizá esta sea su única – desde luego la mejor – virtud. Y una de esas reglas es sencilla. Repitan conmigo:  Capitalismo bueno, socialismo malo. Capitalismo bueno, intervencionismo malo. Libertad buena, colectivismo malo. Luego, cuando alguien les pregunte o se interese, ya si eso les cuentan lo de Mises, Hayek o HHH. O se meten un buen chute de discusión con algún amiguete. Yo también lo hago. Pero mientras tanto repitan conmigo:  Capitalismo bueno, socialismo malo. Capitalismo bueno, intervencionismo malo. Libertad buena, colectivismo malo. Aun estamos en esto.

P.D.: O si lo prefieren, canten conmigo You watch the world exploding every single night, dancing in the sun a newborn in the light. Brothers and their fathers joining hands and make a chain, the shadow of the Wicker Man is rising up again. Your time will come, your time will come. Your time will come, your time will come

P.D.2: Creo que es de recibo dar pábulo a los autores arriba mencionados. Busquen, que las hay, las réplicas. No me sean vagos, libertarios míos.

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Un comentario sobre “La política que vendrá

  1. Y sobre todo mucha paciencia, bien dicho. Pero que difícil es tener paciencia en un lugar donde para apagar las llamas se usa gasolina.
    Cada vez más alterados los ánimos, más adoctrinadas las nuevas generaciones, y más conformistas las viejas.
    En fin, seguimos en la lucha, de ideas.

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