La burbuja de los emprendedores

Publicado originalmente en LiberalSpain

Desde los tiempos del ladrillo, no hace mucho más de un lustro, o quizá un poco antes, con la explosión de internet es de dominio público el término burbuja para poner de manifiesto el exceso de relevancia en el mercado de un sector de la economía, que resulta tener los pies de barro. Existieron la burbuja de las .com o la inmobiliaria. Hoy persiste para nuestra desgracia la burbuja estatal y parece que viene la de los emprendedores.

Pero ésta no puede ser una burbuja. Al menos no como las anteriores. No es en absoluto negativo que haya tantos autónomos y pymes como sea posible. En realidad todo lo contrario. Sería la base de un futuro mucho más próspero.

Como todo en esta vida, no existe la total neutralidad. Nada es totalmente bueno. O malo. Las empresas tienen una tasa de mortalidad elevada antes de los tres y cinco años. Máxime en un país como España, dónde ser emprendedor está bien castigado por los impuestos y la hiperregulación. Cierto es que crear una empresa no es fácil y hacerla rentable menos aun. Pero desde luego es mucho más alentador para la economía de este país que existan cada vez más personas que se lo quieran montar por su cuenta. Esa sí es la forma de cambiar las cosas.

Como pero adicional también hay que notar la idiosincrasia patria, tan dada al “ya te lo dije”, “eso no se puede hacer” o “déjate de líos”. Pero si algo sé es que emprender no es más que un cúmulo de errores, con algún acierto, hasta llegar a una situación positiva. Ensayo error. Como la vida misma. Así que ánimo. Hay que equivocarse. Muchas veces.

Equivocarse. Formarse. Aprender de nuestros errores. ¿Burbuja de emprendedores? Ojalá.

En realidad lo que me preocupa más es la burbuja de charlatanes, conferenciantes y expertos que jamás han parido una empresa desde el inicio. Ojo con ellos. De estos también hay muchos en la siempre pícara España.

Pero jamás, en un país económicamente sano, puede existir exceso de empresas. Las empresas nacen y mueren. Como las personas. Y como con las personas no valen los dramas. El que delinca a la cárcel. El que cree una empresa con su esfuerzo y trabajo debiera ser premiado.

Desterremos de una puñetera vez los miedos de un país acomplejado. La cultura emprendedora es lo que hace grande a los países que lo son. Dónde sí es posible hacerse rico a base de trabajar.

P.D.: Montar un bar en España no es emprender.

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