Al día siguiente de la huelga

Podrían tildarme de interesado, de no hacer nada sin sacar nada a cambio, de tener una visión puramente instrumental de la vida. Hacer algo para sacar algo. Pero la verdad es que no me gustan los brindis al sol. No me gusta perder el tiempo. Y no me gusta pasar horas con quien no quiero. Así que cuando hago algo, lo hago por alguna razón, y solo busco compañía de quien me interesa. Y si me equivoco me voy, a la francesa, si es preciso. Tengo seguro una vida, y no pienso malgastar mi tiempo en zarandajas.

Con esta reflexión inicial, centro el teatro del asombro que me resulta cada nueva jornada de paro general. De huelga, vaya. Obviaré por evidente aquello de que llevamos muchos años cuesta abajo, y es ahora cuando cambia el gobierno de color cuando los del otro color salen a la calle. La credibilidad o la recuperación de ella. A lo que voy es a la utilidad, al uso y a las consecuencias de la causa.

Vaya por delante que el derecho al pataleo, es un derecho real, propio del ser humano. Cada uno dice por su santa boca lo que quiera, y si eso es clamar contra el estado de las cosas, adelante, no seré yo el que mande callar a nadie. Hasta aquí, nada que objetar. Pero, ¿para qué?

Recordarle a un gobierno (y otro) que rescatar bancos está mal, mientras pedimos que se gasten más dinero. Hasta donde yo sé el dinero del Estado sale de nuestros bolsillos. El mio está vacio. ¿Los tuyos? Sólo cabe la petición de reducción del Estado. Asumir que nos vienen tomando el pelo, y cambiar el paradigma. El Estado del Bienestar está muy bien como utopía. Pero esquilma nuestros bolsillos y lastra la libertad. Así que pedir más gasto, es pedirnos más gasto, y a mi no me queda un clavo chato, así que ves poniendo tu lo tuyo, que yo, ya veremos.

La otra cuestión que me viene a la mente es aquello de a que alguien beneficiará. La huelga, claro. Y concluyo que no. Una huelga es un día improductivo. Pierdes parte de tu sueldo y tu empresa parte de sus ventas. Parte que no volverá nunca, como el río de Heráclito. Por lo tanto acercas un poco más a tu empresa al abismo. Su imagen internacional, si es que exporta se ve mancillada. Y si tu empresa va mal, tu culo peligra, chato.

Así que las huelgas perjudican a los que dicen beneficiar, sirven de poco y además estas están dirigidas y orquestadas con peticiones y reclamaciones imposibles. Vaya, todo un teatro del absurdo. Ya lo dije. Sigue la lucha, majo, que vas bien. Al precipicio.

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