Vuelvo por donde solía, libre.

Hacía algunos meses que no me sentaba frente al la entrada vacía a llenar el blog de letras, juntando palabras y tratando de expresar lo que me carcomía las vísceras. Los hiperracionales como yo, necesitamos desahogar jugo biliar por algún sitio para poder seguir siendo hiperracionales, y así nuestros mecanismos de defensa funcionan cual máquina bien engrasada. Fetén.

Simplemente juntaré unas pocas palabras, para ir cogiendo hábito, vicio, más bien, no tengo yo pinta de monje. Recuperar un poco las manías de antaño. Llenar de cuando en cuando una pantalla blanca de negras letras. Negro sobre blanco pensamientos, ideas y algún trozo de mi aliento, de mis carnes o de los pelos que voy perdiendo poco a poco, por mucho que a mi madre le pese.

Y lo hago con el convencimiento de que no ha cambiado nada, y que poco cambiará lo que nos rodea. Soy optimista por naturaleza. Pero lo soy con aquello que puedo controlar. Con lo que no, solo queda mirar y quizá criticar. Alucinando de como hay gente que prefiere mantenerse bajo el yugo por una comodidad mal entendida. Mirando alrededor y sabiendo que mis ideas son las buenas. La libertad es el fin, el camino. Y debe serlo. Religiones, totalitarismos y todos los yugos y flechas de todos los tiempos la han vendido como la panacea, disfrazando su propia maldad intrínseca de eso, de libertad, engañándo a todo el que quiso creer.

La libertad es lo que nos hace humanos. Las personas nos distinguimos de los animales en la concienda de nosotros mismos. En el conocimiento de la futilidad de nuestra existencia. Los seres humanos tenemos conocimiento de quien somos. Y quienes son los demás. Esa es la raiz, de nuestra esencia. La libertad no es más que poder manejar nuestro propio ser de acuerdo a nuestro propio conocimiento.

Tomamos conciencia. Tomamos posesión. Somos libres y poseemos. Nuestro cuerpo al nacer, nuestros recuerdos al vivir. La propiedad también es parte inexcusable de nuestra esencia. Por eso no somos mandriles. Porque poseemos. Y no mucho más. Las personas no somos mucho más. Esto es ligeramente el 2% de nuestro ADN. El resto, sí, gorila, chimpancé. Pero libertad, propiedad, concienda, son el azar que nos hace distintos.

No son los derechos, inventados todos, menos uno. No es la complicadísima forma de organizarnos que hemos creado. No son las tradiciones. Ni los comportamientos sociales. Todo eso es animal. Las personas somos personas por que nos sabemos finitos. Libres para aprovechar el tiempo que tenemos y para poseer nuestros recuerdos, sean estos nostalgicos o en forma de apropiación debida.

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